La caricatura, algo más que humor

Por Francisco Soria Vasco

Cuando tomamos en nuestras manos un material comunicativo, lo primero que revisamos y nos impacta son las fotos, el diseño, el color.  Los mensajes más fáciles de digerir y leer son los  que se valen de imágenes, del humor, son creativos e  imaginativos.

No en vano los teóricos de la comunicación siempre han puesto énfasis en la importancia  de la imagen  frente al texto, por cuanto una imagen vale más que mil palabras. Cuando se enseña comunicación radial se recomienda hablar con imágenes.  Al  pensar en nuestro público objetivo, la Psicología de la Comunicación nos enseña a  lograr una empatía mediante  el lenguaje cotidiano,  el humor  y  expresiones sencillas.

Es decir, los mensajes caricaturescos y humorísticos  son más fáciles para la lecturabilidad, hecho que de ninguna manera quiere decir que estos materiales comunicacionales sean fáciles de producir. Todo lo contrario, elaborar mensajes  de  humor, plasmar las ideas en caricaturas, dibujos y arte, exige de mucho ingenio y es el  resultado de una capacidad especial que tienen contados seres humanos, privilegiados y cotizados  por ese don.

Como dice nuestra gente, el artista nace,  no se hace. También es importante  anotar que el mensaje  que transmite el arte, la caricatura y el humor es  subjetivo. Cada ser humano tiene su propia comprensión de la realidad, dependiendo del marco cultural y del contexto en el que se comunica; así por ejemplo nuestra idiosincrasia andina se caracteriza por tener seres críticos, mordaces, descontentos, inconformes, ¡así somos!.

No se puede olvidar tampoco que el humor y la caricatura a la vez comunican alegría, felicidad, distracción y son parte del constitutivo del ser humano, que permite la realización personal.

Desde esta perspectiva el único horizonte para entendernos entre seres humanos es el  respeto,  la tolerancia, la inclusión, la diversidad, la integralidad, la libertad, la búsqueda de la verdad, porque no existe una verdad absoluta. Ni el cientista más apegado a la realidad, a los hechos objetivos, experimentables, comprobables; y peor aún, un humorista está en una posición de verdad absoluta[1]  .

Como señala la página  gkillcity.com, para entender la caricatura y el periodismo de sátira, hay que revisar su larga tradición,  que comenzó en el siglo XVIII, con una línea satírica – política. En 1796, el pintor español Francisco de Goya se aventuró a graficar a la duquesa de Alba con rasgos satíricos y caricaturescos.[2]

En esta misma línea el autor de la página web taringa.net  indica “definitivamente la caricatura está en un andarivel de opinión,  de humor político”. Es cierto también  que  en cada cultura,  en cada lengua hay  un sentido diferente del humor. Según el lugar en el que nos encontremos, para comprender un chiste hace  falta conocimientos lingüísticos de neurólogos, fisiólogos, psicólogos, psiquiatras y antropólogos.

Rocío Zavaleta,  en su artículo: “Un sueño semiótico hacia la caricatura” indica que “la Caricatura es la opinión periodística gráfica de un hecho circunstancial, que utiliza significantes sencillos para expresar significados complejos”, añade: “Una Caricatura, un mensaje propuesto: mil lecturas posibles”.[3]

El artículo “Producción de senti­do a través del signo” indica que la caricatura presenta en grados diversos el Icono, el símbolo, la representación del índice o señal y el signo lingüístico. Añade “la imagen es ya una Estructura Simbólica en sí misma, que en el caso de la caricatura, permite, junto con el ícono, la aparición del índice representado”. [4]

Al referirse al humor y a la caricatura Fabián Corral en el artículo  Genio y Figura del  comercio 19 enero 2015  expresa: “Más que los textos, más que los discursos, la caricatura encapsula un tema, plantea un punto de vista y, a la vez, sugiere una sonrisa. Porque hay derecho a sonreír. La caricatura es una sui géneris forma de opinar desde la rotunda descalificación de las reverencias, porque la buena caricatura será siempre eso, irreverente, nunca vulgar ni grotesca”.[5]

En conclusión lo que si tenemos seguro, es que la caricatura es comunicación en sí misma, es fuerza, es vida, es humor, es deformación, es denun­cia, es exageración, pero es necesaria para no perder el vínculo con lo cotidiano, con lo humorístico y sobre todo con el pueblo.

Lincografía

[1] http://www.gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/bonil-la-caricatura-entre-el-humor-y-el-mito

[2] http://www.gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/bonil-la-caricatura-entre-el-humor-y-el-mito#sthash.LWv0ffNI.dpuf[2]

[3] http://www.scielo.org.bo/scielo.php?pid=S1815-02762000000200012&script=sci_arttext

versión impresa ISSN 1815-0276

[4] http://www.archivo-semiotica.com.ar/humor.html.

[5] http://www.elcomercio.com/opinion/genio-figura-caricatura-opinion-libertaddeexpresion.html.

2018-02-20T20:24:25+00:00

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